PETRO SÍ TIENE COMPROMISO CON EL MAGISTERIO
Por Medardo Drago León
Me enteré que un grupo de maestros, a través del facebook, crearon una red de apoyo a Mockus. También tuve la oportunidad de dialogar con un docente, que muy emocionado, pero sin mucho argumento me expresó que había que votar por Mockus y no por Petro.
Dicha afirmación, a parte de dejarme impactado, me motivó a decirle que las dos vueltas previstas para elegir Presidente de la República son totalmente distintas. Mientras la primera vuelta, esencialmente, es una competencia de partidos que mide el poder electoral; la segunda, más por intereses burocráticos, es una competencia de grandes coaliciones.
Por ello, los votos que Mockus reciba de los educadores en primera vuelta, sin rótulo ni procedencia, sin beneficio de inventario y sin condiciones gremiales, lo convierten en un receptor sin compromisos con el magisterio y lo alientan a ratificar que no hará acuerdos con partidos. ¡Ya veremos que pensará si lo superan en la primera vuelta!
Los docentes, antes que dar sus votos a Mockus o a otro candidato, deben identificar, al menos en lo educativo, quienes han estado en contra de sus derechos y de sus sueños. Solo basta con afinar nuestra memoria y detenernos entre los candidatos, según las encuestas, más opcionados: Juan Manuel Santos y Antanas Mockus. A Santos se le reconoce como el impulsor del recorte a las transferencias territoriales (Acto Legislativo 01/01 y Ley 715/01) y como firmante del Decreto 1278/02 que vulneró el presente y futuro laboral de los docentes nombrados por concurso de méritos. Pero, además, limitó los incrementos salariales de los maestros con una pérdida adquisitiva sin antecedentes.
Mockus, con su cara “buena papa” no puede ocultar la honda herida que dejó al magisterio colombiano: se le considera el Frankestein de un fenómeno neoliberal llamado María Cecilia Vélez, autora y defensora de las normas más lesivas que han sufrido los educadores colombianos en el siglo XXI. Con esas normas, la discípula de Antanas aumentó la carga laboral docente, generó hacinamiento escolar, y retardó los ascensos de los maestros en el escalafón. Pero, además, Mockus fue más allá; sin remordimiento alguno, y haciendo eco a su legalidad, descontó a los docentes de Bogotá los días de un paro nacional en los que éstos protestaron contra el recorte a las transferencias territoriales. Por ello, nuestros colegas cachacos perdieron, en el 2001, el derecho a recibir las primas de fin de año.
La experiencia nos dice que los educadores, no podemos continuar eligiendo gobernantes flagelantes. Nuestros votos deben exigir un contenido social. La disposición de dar al magisterio lo que se merece, la tiene Gustavo Petro. Es suficiente razón por la que debemos sumar o, mejor, multiplicar los votos para que el poder electoral del candidato del Polo aumente en pro de nuestra profesión docente y de la educación pública. Ese propósito hace parte de su paquete programático, considerado, por muchos intelectuales, el más coherente entre los programas de los candidatos.
Es concluyente, que la votación del magisterio no tendría exigencia social si se regala desde el anonimato, por un simple golpe emocional. Petro sabe que la gran mayoría de los docentes e intelectuales lo acompañamos y, de hecho, tiene un compromiso con el magisterio y con el desarrollo del país. No en vano, nuestro Premio Nobel García Márquez anunció su apoyo a Petro “por ser un coralibe macondiano, limpio y corajudo”. Desde luego es un merecimiento, no un regalo entregado por afecto. Por ello, este 30 de mayo, vamos a multiplicar la votación de Petro, para no tener la incertidumbre, en la segunda vuelta, de escoger entre “morir” de pie o morir sentado.
























